Perspectivas de Investigación en Educación Física vol. 5, núm. 10, e056, octubre 2026 - marzo 2027. ISSN-e 2953-4372Artículos
Deporte Bajo Asedio: ¿Derecho Ciudadano o Negocio Global Neoliberal? Políticas Deportivas en la Encrucijada Neoliberal
Resumen: El artículo analiza las transformaciones del deporte en el marco de la racionalidad neoliberal y examina sus efectos sobre las políticas públicas deportivas en la Argentina contemporánea. A partir de aportes de Foucault, Laclau, Brown, Han y Zemelman, se argumenta que el neoliberalismo opera no solo como un modelo económico sino como un proyecto civilizatorio que reconfigura las subjetividades, redefine el vínculo entre Estado, mercado y ciudadanía, y erosiona la dimensión democrática de lo común. En este contexto, el deporte emerge como un terreno privilegiado para observar tensiones hegemónicas: puede afirmarse como derecho social orientado al bienestar colectivo o quedar subsumido bajo lógicas mercantiles que privilegian la eficiencia, el rendimiento y la competitividad. El trabajo examina cómo estas disputas atraviesan las políticas deportivas en distintas etapas de la historia argentina reciente —desde las dictaduras cívico-militares y el giro neoliberal de los años noventa hasta las reconfiguraciones actuales bajo gobiernos de orientación libertaria— y plantea que la encrucijada actual obliga a repensar el papel del Estado, la democratización de las prácticas corporales y la posibilidad de construir alternativas más igualitarias. Se concluye que el deporte es hoy un campo estratégico para disputar sentidos sobre ciudadanía, justicia social y modelos de sociedad, y que su futuro dependerá de si prevalecen proyectos orientados al derecho o al mercado.
Palabras clave: Neoliberalismo, Democracia, Políticas públicas deportivas, Deporte y Estado, Derechos sociales.
Sport Under Siege: Citizen's Right or Neoliberal Global Business? Sports Policies at the Neoliberal Crossroads
Abstract: This article analyzes the transformations of sport within the framework of neoliberal rationality and examines its effects on public sports policies in contemporary Argentina. Drawing on the work of Foucault, Laclau, Brown, Han, and Zemelman, it argues that neoliberalism operates not only as an economic model but also as a civilizational project that reconfigures subjectivities, redefines the relationship between the state, the market, and citizenship, and erodes the democratic dimension of the commons. In this context, sport emerges as a privileged terrain for observing hegemonic tensions: it can be affirmed as a social right oriented toward collective well-being or be subsumed under market logics that prioritize efficiency, performance, and competitiveness. This work examines how these disputes have permeated sports policies at different stages of recent Argentine history—from the civic-military dictatorships and the neoliberal shift of the 1990s to the current reconfigurations under libertarian-oriented governments—and argues that the current crossroads compels a rethinking of the role of the state, the democratization of bodily practices, and the possibility of building more egalitarian alternatives. It concludes that sport is now a strategic arena for contesting meanings of citizenship, social justice, and models of society, and that its future will depend on whether rights-based or market-oriented projects prevail.
Keywords: Neoliberalism, Democracy, Public sports policies, Sport and the State, Social rights.
O Esporte sob Ameaça: Direito Cívico ou Negócio Global Neoliberal? Políticas Esportivas na Encruzilhada Neoliberal
Resumo: O artigo analisa as transformações do esporte no contexto da racionalidade neoliberal e examina seus efeitos sobre as políticas públicas esportivas na Argentina contemporânea. Com base em contribuições de Foucault, Laclau, Brown, Han e Zemelman, argumenta-se que o neoliberalismo opera não apenas como um modelo econômico, mas como um projeto civilizatório que reconfigura as subjetividades, redefine o vínculo entre Estado, mercado e cidadania e corrói a dimensão democrática do bem comum. Nesse contexto, o esporte surge como um terreno privilegiado para observar tensões hegemônicas: ele pode afirmar-se como um direito social voltado para o bem-estar coletivo ou ficar subsumido sob lógicas mercantis que privilegiam a eficiência, o rendimento e a competitividade. O trabalho examina como essas disputas atravessam as políticas esportivas em diferentes etapas da história argentina recente —desde as ditaduras cívico-militares e a virada neoliberal dos anos 90 até as reconfigurações atuais sob governos de orientação libertária— e propõe que a encruzilhada atual obriga a repensar o papel do Estado, a democratização das práticas corporais e a possibilidade de construir alternativas mais igualitárias. Conclui-se que o esporte é hoje um campo estratégico para disputar significados sobre cidadania, justiça social e modelos de sociedade, e que seu futuro dependerá da prevalência de projetos orientados para o direito ou para o mercado.
Palavras-chave: Neoliberalismo, Democracia, Políticas públicas esportivas, Esporte e Estado, Direitos sociais.
1. Introducción
En tiempos de creciente polarización política, crisis de derechos sociales y ofensivas neoliberales que reconfiguran la vida cotidiana, el deporte —ese territorio tantas veces presentado como neutral, natural o apolítico- se revela como uno de los escenarios más elocuentes para comprender el presente. Lo que ocurre en un estadio, en un club de barrio o en un centro de entrenamiento deportivo no es simplemente un juego: es una forma de ordenar cuerpos, producir subjetividades, distribuir oportunidades y modelar ciudadanía. Allí, donde se entrelazan prácticas corporales, mercado, emociones colectivas y políticas públicas, se expresa con claridad una pregunta crucial para nuestras democracias: ¿qué lugar ocupa el deporte en la disputa entre neoliberalismo y formas más igualitarias de vida común? Lo que equivale a decir, ¿es posible pensar al deporte como parte del andamiaje de las prácticas de construcción de ciudadanía democráticas estando éstas en tensión con una cultura neoliberal?1
Durante las últimas décadas, el neoliberalismo dejó de ser un mero programa económico para convertirse en una racionalidad política que penetra escuelas, medios, vínculos, instituciones y afectos (Foucault, 2007; Brown, 2020). En América Latina y, particularmente, en la Argentina, sus avances y retrocesos acompañaron los vaivenes de dictaduras, restauraciones democráticas, políticas de ajuste, crisis sociales y renovados intentos de reconfiguraciones del Estado, las cuales, con diferentes nombres (modernización, sinceramiento, reformas estructurales, etc.) tendieron siempre a poner el aparato jurídico-administrativo-represivo del Estado al servicio del capital concentrado. La vida deportiva no quedó al margen: fue reorganizada por lógicas de mercado, criterios meritocráticos, privatizaciones, nuevas formas de exclusión y un modelo de sujeto emprendedor que redefine la relación entre deporte, derecho y ciudadanía.
Sin embargo, el deporte —como práctica social y experiencia colectiva- también ha sido un espacio privilegiado de integración, organización comunitaria y ampliación de derechos. Los clubes de barrio, las políticas públicas deportivas –especialmente en el nivel municipal, es decir, en el de mayor cercanía del estado con las vecinas y los vecinos de la comunidad-, los programas territoriales y, en alguna medida, la educación física escolar, han creado históricamente condiciones para que sectores populares encuentren allí un lugar de pertenencia, reconocimiento e igualdad. Por eso, en un contexto regional donde resurgen proyectos autoritarios, discursos antiestatales y ofensivas privatizadoras, el deporte aparece como un termómetro político: muestra qué tipo de sociedad se está construyendo y qué vínculos comunitarios están en disputa.
Este artículo parte de una premisa provocadora: el deporte no es un refugio ante la crisis democrática contemporánea, sino una de sus expresiones más visibles. Analizarlo en clave neoliberal no significa moralizar la competencia o deslegitimar los logros deportivos, sino comprender cómo este campo participa en la producción de subjetividades individualistas, meritocráticas y autocentradas, pero también cómo puede habilitar experiencias colectivas capaces de resistir la mercantilización de la vida. El interrogante que planteamos más arriba es urgente: ¿puede haber deporte democrático en sociedades donde la política se reduce a la gestión y los derechos se traducen en mercancías?
Abordamos esta cuestión articulando teoría política, sociología del deporte y análisis de políticas públicas, para situar al deporte en el corazón de la tensión entre neoliberalismo y democracia. Lejos de tratarse de un objeto menor, sostenemos que constituye un espacio estratégico para comprender la reconfiguración contemporánea de la ciudadanía, las nuevas formas de poder sobre los cuerpos y la disputa por lo común. En un país donde el cierre de programas deportivos, la reducción del Estado y el avance de la lógica empresarial sobre los clubes no son escenarios hipotéticos sino realidades palpables, pensar el deporte se vuelve inseparable de pensar la democracia.
Este trabajo propone, entonces, dos movimientos complementarios: por un lado, desnaturalizar el deporte, entendiendo cómo reproduce las lógicas neoliberales de competencia, autoexplotación y desigualdad; por otro, recuperar su potencia democrática, examinando las condiciones políticas, pedagógicas e institucionales necesarias para que el deporte funcione como un derecho, una práctica cultural y un espacio de ciudadanía.
Si el neoliberalismo convierte a los cuerpos en capital y a los ciudadanos en consumidores, urge volver a preguntar: ¿qué cuerpos queremos formar y qué sociedad queremos construir? Las respuestas —si es que aspiramos a un proyecto democrático robusto— empiezan, también, en la cancha.2
2. Deporte, Neoliberalismo y Democracia
Como fenómeno social, el deporte puede ser comprendido en estrecha relación con los procesos sociohistóricos que le dan forma y sentido. Para problematizar los principios que lo sustentan, resulta necesario construir una mirada capaz de indagar cómo el deporte se constituye “en sintonía y bajo las condiciones de posibilidad históricas plasmadas en los rasgos y elementos materiales y simbólicos de determinado contexto societal-epocal” (Altamiranda, 2022, p. 140).
Desde esta perspectiva, el deporte contemporáneo —en su dimensión global- se encuentra profundamente atravesado por la lógica del proyecto neoliberal y por los efectos que este produce sobre sus modos de organización, legitimación y consumo. No se trata solamente de una influencia externa: el deporte, a través de sus prácticas, instituciones y economías internas, reproduce y refuerza buena parte de los valores centrales del neoliberalismo. Tal como advierte Brohm (1993), la relación entre deporte y capitalismo revela la manera en que las prácticas deportivas colaboran con la estabilización del sistema social existente, legitimando jerarquías, naturalizando la competencia permanente y exaltando la racionalidad del rendimiento.
En América Latina, este modelo comenzó a irrumpir con fuerza durante las décadas de 1960 y 1970, impulsado por los regímenes dictatoriales cívico-militares que interrumpieron los procesos democráticos en gran parte de la región. Estos gobiernos, apoyados política, económica e ideológicamente por sectores externos de poder concentrado,3 instauraron las bases estructurales del neoliberalismo: la desregulación económica, la represión de la participación popular y la subordinación del Estado a las lógicas del mercado.4
Tras la recuperación democrática, estas ideas no desaparecieron. Por el contrario, los discursos neoliberales se infiltraron en los partidos tradicionales y comenzaron a orientar las políticas de los gobiernos electos. En Argentina, luego del retorno de la democracia en 1983, la llamada “década del noventa” profundizó este proceso. El gobierno de Carlos Menem (1989-1999) impulsó reformas estructurales —privatizaciones, apertura económica, convertibilidad y endeudamiento externo- que transformaron de manera radical la economía, el trabajo y la vida social, configurando un nuevo sentido común neoliberal. Dicho modelo culminó en una crisis política y social de magnitud, cuyo desenlace fue la caída anticipada del gobierno de Fernando de la Rúa en 2001.
Como reacción a las políticas de los años noventa, el comienzo del siglo XXI trajo consigo un nuevo ciclo político en América Latina, caracterizado por la emergencia de gobiernos progresistas que impulsaron reformas sociales y económicas orientadas arecuperar políticas afines al Estado de bienestar. Estos proyectos buscaron fortalecer los derechos sociales, recuperar la centralidad de lo público y ampliar la presencia estatal en la regulación económica y en la redistribución del ingreso.
Sin embargo, a partir de la segunda década del siglo XXI, la lógica neoliberal volvió a ganar protagonismo en la región. En el caso argentino, este giro se consolidó con la presidencia de Mauricio Macri (2015-2019), que buscó restituir la agenda de mercado y el ideario neoliberal. Aunque de duración limitada,5 su gobierno sentó las bases materiales, simbólicas y discursivas para la posterior radicalización de este proyecto durante la actual gestión de Javier Milei a partir de diciembre de 2023, cuyo programa político-económico retoma —con mayor intensidad- los principios del neoliberalismo clásico y libertario.6
En este marco, resulta significativo considerar que la propia trayectoria de Macri en el ámbito deportivo no es ajena a su construcción política. Como señala Altuve (2018), su experiencia al frente de Boca Juniors le permitió consolidar una visión del deporte como un espacio aparentemente “apolítico” y centrado en la gestión, desde donde se proyecta una lógica que luego se traslada al campo político, en la que el éxito —al igual que en el deporte— se mide en términos de rendimiento y resultados (p. 503).
Dado que un análisis exhaustivo de esta teoría excede los alcances de este trabajo, abordaremos el neoliberalismo en sentido amplio, atendiendo a sus rasgos estructurales y a su racionalidad política. Para Borón (2002), se trata de un modelo civilizatorio que articula dimensiones económicas, políticas y culturales; mientras que Foucault (2007) lo conceptualiza como una racionalidad política que produce determinados modos de subjetivación, de gobierno y de relación entre los individuos y las instituciones. El neoliberalismo, por tanto, no debe reducirse a un conjunto de políticas económicas: constituye una forma integral de organización de la vida social.
En este sentido, Anderson (1997) destaca que este modelo impulsa transformaciones profundas en las relaciones entre mercado, sociedad y Estado de bienestar. Su despliegue conlleva la restricción del gasto público, la primacía de lo privado, la exaltación del libre mercado y la reducción de costos laborales para incrementar la rentabilidad del capital global. A su vez, el debilitamiento deliberado de las funciones estatales se acompaña de un discurso que acusa a los Estados nacionales de ineficiencia y despilfarro, contribuyendo a deslegitimar su papel como garantes del orden económico y social.
En este contexto, Wendy Brown (2020) propone un análisis particularmente lúcido sobre las nuevas derechas que proliferan en el mundo contemporáneo. Sus estudios muestran cómo las ruinas del neoliberalismo han dado lugar a fuerzas autoritarias que “se alzan contra lo social, lo político y contra el Estado en tanto instancia de regulación y planificación colectiva” (Brown, 2020, p. 9). Estas derechas —señala la autora- “combinan una superioridad moral autopercibida con una conducta celebratoriamente amoral e irrespetuosa […] despreciando a los políticos y a la política, aun cuando manifiestan una feroz ambición de poder” (Brown, 2020, p. 18). Su descripción ilumina con precisión las tensiones actuales entre neoliberalismo y democracia, mostrando cómo la erosión de lo público habilita nuevas modalidades de autoritarismo.
En una línea convergente, Spitz (2019) sostiene que el “capitalismo democrático se encuentra en crisis”. La histórica alianza entre capitalismo y democracia —forjada desde el siglo XVIII y consolidada en el siglo XX como forma de equilibrio entre libertad política y bienestar social- se encuentra hoy fracturada. Ese vínculo, que permitía compatibilizar igualdad, libertad y progreso económico, se ha visto desbordado por la irrupción de la racionalidad neoliberal (Spitz, 2019; Martí y Ríos, 2024). El resultado es un orden global en el que la lógica del mercado subordina a la política, la ciudadanía se redefine en términos de mérito y competitividad, y la democracia se vacía progresivamente de contenido igualitario.
En esta encrucijada entre neoliberalismo, capitalismo y formas democráticas, resulta particularmente sugerente la reflexión de Hugo Zemelman (2010), quien advertía que la relación entre proyecto político y proyecto económico es siempre problemática y tensional. Para el autor, la pregunta de fondo es si es posible construir un modelo económico no capitalista dentro de las coordenadas de una democracia representativa clásica, o si, por el contrario, la democracia funciona como resguardo del propio orden capitalista, negándose a sí misma en nombre de sí misma. Esta inquietud —que remite al núcleo más profundo de la hegemonía- interpela directamente al campo del deporte cuando la lógica mercantil se presenta como compatible, e incluso deseable, dentro de un imaginario democrático que termina legitimando desigualdades en nombre de la libertad. Así, el interrogante que plantea Zemelman resuena con fuerza: ¿es posible disputar proyectos alternativos en un régimen que, al proteger la racionalidad económica neoliberal, limita las formas de participación y los horizontes de lo común?
En esta misma dirección, Bal y Dóci (2018) sostienen que el neoliberalismo funciona como una ideología cuya lógica fantasmática se articula en torno a tres pilares: la fantasía de libertad, la meritocracia sustentada en el darwinismo social y la creencia en el crecimiento ilimitado como resultado de una racionalidad individualista, competitiva e instrumental. Desde esta perspectiva, el sujeto neoliberal se construye como responsable absoluto de su destino, internalizando las exigencias del sistema bajo la apariencia de autonomía y elección.
Complementariamente, Byung-Chul Han (2018) advierte que la psicopolítica neoliberal “explota la libertad” mediante mecanismos de control que ya no actúan sobre los cuerpos, sino sobre las emociones, la atención y los afectos. El antiguo management racional cede lugar a un “management emocional” que produce sujetos dóciles, autoexplotados y atrapados en una permanente autoexigencia de rendimiento.
3. Deporte, ciudadanía y resistencia
En la Argentina contemporánea, atravesada por un acelerado proceso de desmantelamiento de los derechos sociales y culturales, el deporte se configura como un campo de múltiples tensiones: entre el derecho y el privilegio, lo público y lo privado, la formación y el espectáculo. Frente al avance de políticas neoliberales que subordinan todas las dimensiones de la vida a la lógica del mercado, las prácticas deportivas –lejos de ser neutras o naturales- se constituyen como espacios de disputa política, simbólica y material.
En esta línea, resulta esclarecedora la tesis de Alain Touraine (1999), quien sostiene que los sectores más postergados no se movilizan contra un orden abstracto de dominación, sino que reclaman derechos concretos, entre ellos los derechos culturales. Desde esta perspectiva, el deporte puede ser comprendido no como un mero entretenimiento o un ámbito secundario, sino como una práctica cultural y social que promueve integración, pertenencia y reconocimiento.7
Cuando las prácticas corporales y deportivas se desarrollan en contextos colectivos, accesibles y organizados, pueden transformarse en verdaderos dispositivos de ciudadanía, capaces de fortalecer los lazos comunitarios y democratizar el acceso a las prácticas corporales y deportivas. Sin embargo, bajo el predominio de la racionalidad neoliberal, el deporte tiende a reducirse a una mercancía, y el sujeto que lo practica, a un consumidor. En esta operación, se despoja al deporte de su potencial emancipador, profundizando desigualdades y exclusiones, y desplazando su sentido público en favor de una lógica individualista, competitiva y mercantilizada.
La educación física, como campo disciplinar, enfrenta desafíos análogos. Desde sus orígenes ha estado atravesada por un debate persistente sobre su identidad y su finalidad: ¿educación física?, ¿educación física y deportiva?, ¿cultura física?, ¿educación corporal? Esta polisemia conceptual expresa una incomodidad epistemológica que obliga a revisar críticamente el sentido de las prácticas corporales y las tradiciones que las sustentan.
Como construcción social e histórica, el cuerpo es un espacio donde se inscriben relaciones de poder, ideologías y conflictos. Por ello, las prácticas corporales y deportivas deben ser interrogadas: ¿constituyen espacios de inclusión y democratización?, ¿funcionan como modos pedagógicos de aprendizaje colectivo?, ¿o, por el contrario, reproducen desigualdades de género, clase y origen social, sosteniendo lógicas meritocráticas o estereotipos excluyentes?
Lejos de ser un terreno neutro, la educación física –como cualquier campo atravesado por las políticas- no puede apelar a la naturalidad de sus prácticas sin caer en una racionalización que oculta su contingencia histórica y social. Por el contrario, se impone la necesidad de reinscribirla en el espacio de las disputas, entendiendo que allí se configuran subjetividades, se producen sensibilidades y se modelan conductas.
A todo esto, la racionalidad neoliberal reorganiza los sentidos de la educación y de la educación corporal, promoviendo exclusivamente nociones de competencia, autoexplotación y responsabilización individual. En este marco, resurgen con fuerza argumentos anacrónicos que apelan a “lo natural” o a una supuesta “naturaleza humana” para justificar intervenciones pedagógicas y políticas públicas deportivas. Estas referencias, lejos de ser inocentes, funcionan como dispositivos que legitiman desigualdades, clasifican cuerpos y orientan programas estatales bajo la idea de capacidades innatas, potenciales biológicos o talentos preexistentes. Paralelamente, las tecnologías contemporáneas –biológicas, digitales y de gestión- desdibujan los límites entre lo producido y lo dado, tensionando aún más la persistencia de estas apelaciones a lo natural. El resultado es un entramado donde la retórica de la naturaleza convive con formas neoliberales de gubernamentalidad que disciplinan, miden y optimizan cuerpos, produciendo nuevos modos de subjetivación en el deporte y en la educación física.
En este escenario, las políticas públicas deportivas (PPD) adquieren un papel central. La cuestión no es únicamente si amplían el acceso al deporte,sino sison capaces de transformar las condiciones mismas de participación. ¿Democratizar es únicamente administrar o distribuir oportunidades, o implica redefinir las formas de apropiación y los sentidos del deporte? ¿Estas políticas lo conciben al deporte como un derecho colectivo o como un privilegio individual? ¿Permiten la emergencia de prácticas situadas, sensibles a las diferencias, minorías y singularidades de los actores sociales?
4. Cuerpo, política y hegemonía en tiempos neoliberales
En continuidad con lo anterior, si –en términos foucaultianos- el neoliberalismo no es únicamente un modelo económico sino una racionalidad política que reordena la vida social bajo la figura del mercado ampliado (Foucault, 2007), entonces también produce formas particulares de entender, administrar y gobernar los cuerpos. En este contexto, las prácticas corporales y deportivas quedan atravesadas por lógicas de competencia, rendimiento y autoexplotación que dificultan la posibilidad de construir experiencias genuinamente democratizadoras. La gramática neoliberal convierte a los sujetos en responsables exclusivos de su propio éxito o fracaso, debilitando la dimensión colectiva y despolitizando la corporalidad como territorio de disputa pública.
La pregunta por la posibilidad de una educación física emancipadora o un deporte democrático adquiere, así, especial relevancia. Cuando toda experiencia conjunta es traducida a indicadores de eficiencia, métricas de desempeño y lógicas de competencia, los cuerpos tienden a volverse soportes de capital antes que soportes de derechos. Y cuando las políticas deportivas se inscriben en esa misma racionalidad, los programas estatales pasan a privilegiar el talento medible, la detección temprana, la optimización y la gestión del riesgo sobre la participación, la igualdad y el acceso universal. No negamos el carácter competitivo del deporte, un rasgo inherente y constitutivo; pero, tal vez, no exista un solo deporte, que es el deporte de las federaciones, el institucionalizado, el burocratizado, el hipercompetitivo y, por cierto, el más visible. Tal vez, ese deporte –que de todas formas tiene que revisar sus prácticas en las llamadas edades formativas a fin, al menos, de no perder participantes- no deba ser el obligado espejo en que se miren las prácticas deportivas escolares o las que ofrecen los municipios. Tal vez, los deportes “clásicos” o convencionales que forman parte del calendario olímpico no sean los únicos a convocar para generar experiencias más democráticas. Tal vez existan formas menos expulsivas de organizar las competencias en edades infanto-juveniles. En cambio, estamos seguros de que, reunidos en torno a ofrecer alternativas más democráticas, inclusivas e igualitarias de práctica deportiva, las y los profesionales de la Educación Física cuentan con la inteligencia y la creatividad para producir propuestas innovadoras y sustentables. Sólo hay que dejar atrás la pereza intelectual, la inercia, el “no se puede” y hacer de la dificultad una oportunidad.
Ahora bien, atentos a lo ya expresado, reducir las políticas públicas deportivas (PPD) a simples herramientas técnicas sería insuficiente. Las PPD son espacios donde se articulan demandas sociales heterogéneas y donde se juega la disputa por el sentido del orden social. En este punto, la teoría de la hegemonía de Ernesto Laclau (2005) resulta especialmente fecunda: el deporte puede funcionar como un significante capaz de condensar demandas diversas –salud, recreación, inclusión, desarrollo comunitario, igualdad de género, identidad local, profesionalización, alto rendimiento- que no están dadas de antemano, sino que se estructuran políticamente según qué actor logre construir una articulación hegemónica.
En el caso argentino, esta tensión ha sido visible en distintas etapas históricas. Mientras algunos gobiernos impulsaron el deporte como derecho social –a través de políticas de acceso territorial, programas socioeducativos, fortalecimiento de clubes de barrio o perspectivas de género-, otros lo orientaron hacia lógicas de mercado, meritocracia y selección competitiva. La disputa entre estas dos orientaciones no solo define qué cuerpos merecen ser promovidos, cuidados o integrados, sino también qué tipo de comunidad se imagina posible.
Según qué demanda se vuelva hegemónica en la articulación, el deporte puede abrir procesos de ampliación de ciudadanía –reconociendo desigualdades históricas y proponiendo acciones inclusivas- o puede reforzar una lógica tecnocrática que gestiona, clasifica y administra la desigualdad sin cuestionar su raíz estructural. De allí que la cuestión clave sea determinar si las políticas deportivas actuales en la Argentina logran constituir un antagonismo efectivo frente al orden neoliberal que fragmenta, o si solo operan como dispositivos de amortiguación social mientras permanecen subordinadas a los criterios de competitividad y eficiencia.
La respuesta a este interrogante es decisiva: de ella dependerá si el deporte puede consolidarse como un derecho y una práctica de lo común, capaz de repolitizar los cuerpos y fortalecer vínculos comunitarios, o si quedará definitivamente integrado a la lógica mercantil que transforma la corporalidad en capital y la ciudadanía en competencia permanente.
5. El deporte como metáfora política y campo de disputa
Desde otra perspectiva, la filosofía política moderna ofrece claves para pensar la dimensión conflictiva del deporte. Thomas Hobbes mostró que la sociabilidad no es una condición natural, sino una construcción política que exige restricciones y renuncias para sostener el orden común (Hobbes, 1992). En ese sentido, el deporte –estructurado por reglas, jerarquías y códigos- puede leerse como una metáfora de esa construcción social: disciplina los gestos, regula los cuerpos y organiza la convivencia.
Ahora bien, no toda norma produce justicia. El temor puede mantener la obediencia, pero también volverse opresivo cuando las condiciones de igualdad son frágiles o inexistentes.Zygmunt Bauman (2014), retomando a Freud, recordaba que la civilización es siempre una transacción insatisfactoria: cada individuo renuncia a parte de su deseo en nombre de la vida en común. En el caso del deporte, esa transacción se vuelve especialmente problemática cuando el Estado se retira de su función reguladora y deja en manos del mercado la organización y el acceso a las prácticas deportivas. Allí emergen la exclusión, la desigualdad y la precariedad.
Convertido en bien de consumo, el deporte se reviste de una aparente despolitización que, en realidad, encubre la racionalidad neoliberal: una lógica que transforma la competencia en un dispositivo de producción de subjetividades individualistas, excluyentes y meritocráticas. Frente a ello, el desafío consiste en articular estas tensiones dentro de proyectos pedagógicos y políticos que recuperen el sentido público, ético y transformador del deporte. Ello implica diseñar políticas que lo conciban como un derecho, un espacio de ciudadanía y una práctica de lo común, y a la vez formar educadores críticos capaces de interrogar sus propias prácticas y resistir los procesos de mercantilización que impregnan el campo.
Si el deporte no es neutro, sino un territorio de disputa, se abren interrogantes de profundo contenido ético y político: ¿educamos para que cada quien corra solo en la pista del mérito o para trazar, juntos, nuevas formas de juego común? ¿Moldeamos cuerpos dóciles que se ajustan al orden o habilitamos cuerpos que resisten, que incomodan, que imaginan otros mundos posibles? Las respuestas a estas preguntas definirán no solo el futuro del deporte, sino también el tipo de sociedad que deseamos construir. Solo si asumimos las tensiones inherentes a toda práctica social –que nunca flota en el vacío- podremos evitar la ilusión de neutralidad y reconocer que la potencia democratizadora del deporte depende de los proyectos políticos y de las pedagogías que lo atraviesan.
6. ¿Por qué investigar el deporte en clave neoliberal?
Indagar el deporte desde una perspectiva crítica frente al neoliberalismo permite comprender cómo este campo reproduce –y en algunos casos tensiona- las lógicas que estructuran esa racionalidad: la desigual distribución de oportunidades, la individualización de la responsabilidad, la conversión de los cuerpos en capital y la redefinición de la ciudadanía bajo parámetros de competencia y rendimiento. Esta perspectiva no solo ilumina los mecanismos con los que el neoliberalismo produce subjetividades, sino que también habilita la búsqueda ya mencionada –quizás quijotesca, pero no por ello menos urgente- de alternativas institucionales, comunitarias y pedagógicas capaces de disputar ese modelo desde el propio campo deportivo.
En este horizonte, el deporte se vuelve un espacio privilegiado para examinar la crisis contemporánea entre democracia y liberalismo. Dicha tensión se expresa en el corrimiento del Estado de su papel regulador, proceso que amenaza la existencia de un deporte comunitario y social. Para amplios sectores de la población –especialmente para niños, niñas y jóvenes-, estos espacios constituyen muchas veces la única posibilidad de acceder a la práctica deportiva, construir vínculos y experimentar pertenencia. Esa disputa se vuelve particularmente visible en el conflicto entre los clubes como asociaciones civiles sin fines de lucro y las sociedades anónimas deportivas (SAD). Mientras los clubes sostienen una tradición de organización cooperativa, propiedad colectiva y participación democrática, las SAD responden a una lógica empresarial transnacional orientada por la rentabilidad y la eficiencia por encima del valor social o formativo de la práctica deportiva.
En este contexto, resulta inaceptable que la posibilidad de practicar un deporte dependa exclusivamente del rendimiento, de las habilidades físicas o de las condiciones económicas de los sujetos. Una sociedad democrática debe garantizar, mediante políticas públicas sostenidas, que el deporte sea un espacio de expresión, encuentro y ciudadanía, donde todas las personas tengan derecho a moverse, jugar y compartir sin ser medidas por los parámetros del éxito o la competencia excluyente.
La retirada del Estado y la desaparición de políticas públicas orientadas a la promoción del deporte –como de otros ámbitos de la cultura- no pueden ser reemplazadas por la lógica del mercado. La racionalidad económica, librada a sí misma, es incapaz de comprender el lenguaje de los derechos humanos, sociales y culturales que dan sentido al deporte como práctica pública y bien común. Defender ese horizonte no es un gesto nostálgico, sino una apuesta política: la de sostener, en el movimiento de los cuerpos y en los vínculos que produce el juego compartido, una forma de resistencia frente a la mercantilización de la vida.
Declaración de autoría o roles de colaboración
Escritura: Gerardo Javier Fittipaldi y Carlos Gabriel Carballo
Revisión y edición: Carlos Gabriel Carballo
Referencias
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Notas
Otro dato de interés es que, mientras la población en general decreció a partir del año 2002 (lo cual impactó en la matrícula escolar) y comenzó a recuperarse después de 2005, la población deportiva dentro de las edades de corte señaladas se mantuvo estable, lo cual revela que el sistema deportivo no recluta a partir de demandas de la población o con el afán de mejorar la inclusión, sino a partir de sus propias necesidades de nutrir planteles. Esto habla a las claras del doble fracaso del slogan “sacar a los pibes de la calle”: ni se puede captar a todos los sectores vulnerables ni se ha hecho de la calle un lugar más seguro.
Ver Carballo, C. (2017). Niños, niñas y jóvenes deportistas en el Gran La Plata: ¿Para qué sirve un censo integral de deportistas federados infantiles y juveniles? En A. Levoratti, F. De Marziani, J. Fotia y M. Maiori (Coords.), Actas del Primer Encuentro Deporte y Sociedad: Debates en tránsito en las Ciencias Sociales en la Argentina actual. Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/libros/pm.502/pm.502.pdf
Recepción: 02 marzo 2026
Aprobación: 13 marzo 2026
Publicación: 01 octubre 2026